Sentado en la vereda, observo como gentes hacen su cotidianidad. Algunos corren detrás de automóviles, otros corren delante dellos... Otros zombies como yo, con el móvil a cuestas; como si los hubiesen parido con aquel maldito artefacto. Y mi cabeza calentada por el Sol, sigue ahí... En la vereda.
A lo lejos veo a un anciano, acariciando la cresta de un buzón en el que posteriormente dejó una desas aberraciones que la gente de antaño llamaba cartas. Muy análogo para mi gusto, ya saben; eso de escribir con particular caligrafía y Un toque de estilo literario "espero que al recibo desta carta estés bien" (muy original).
Creo que alguna vez escribí una desas custiones y al enviarla me sentí el mismísimo Elvis al no saber poner el maldito remitente... Que complicación! Mi vereda y yo no necesitamos de esas cosas, solo observo mi derredor y comienzo a sentir aquellas voces pasadas "abrocha te la camisa, súbete el zipper, pon los zapatos en lustre". Estos malditos escolares hicieron que recordará esos días de colegio, donde lo único que importaba era dormir y tratar de conquistar una mirada.
Sentado en la vereda veo un sujeto con unos gran regalo que debe ser para su novia o novio; en estos tiempos uno nunca sabe.
Odio los regalos, odio ser celebrado porque no sé ser cortes con esos humanos que te hacen presentes y cuando tengo uno en las manos digo/ ah bueno... Y cuando termina toda esa cursilería doy vuelta y pateo la pared.
Yo, verdaderamente no se que diablos hago aquí en la vereda, mejor iré a hacer lo que las demás gentes hacen... "darle en que pensar a los que se sientan en veredas"
Fin.

Regio, Alexis! Me encantó esta reflexión tan íntima. Eres auténtico.
ResponderEliminarFelicidades por tu blog, my friend.